Elección de un Toro
El toro aporta el 50% de las características de la descendencia y la vaca el otro 50%, pero mientras una vaca produce una cría al año, el toro en el mismo periodo puede dar origen a muchas crías más, bien sea por monta natural o inseminación artificial, por lo que el toro tiene una mayor incidencia en el mejoramiento de un rodeo. De ahí la importancia de la calidad del reproductor, pues un toro de alta calidad genética mejora el rodeo, mientras uno mediocre la desmejora. A los toros de alta calidad genética se debe, en gran parte, el mejoramiento logrado en la ganadería moderna.
Es importante desarrollar un criterio claro alrededor del concepto de calidad, funcionalidad y productividad del ganado dentro de las características ideales de la raza, cualquiera que esta sea. El conocimiento de las vacas, sus fortalezas y debilidades, al igual que el contacto frecuente con el ganado, debe fortalecer la imagen del tipo de animales que se pretende producir. Esto nos permite identificar el carácter racial, balance, musculatura, estructura y las imperfecciones que de cada uno surjan.
En el proceso previo a la obtención del reproductor, es de vital importancia definir el objetivo del negocio; de tal forma que si la orientación del programa de mejoramiento es por ejemplo, la cría, se debe enfocar la atención en superar estándares de crecimiento y peso, sin sacrificar facilidad de parto, habilidad materna y fertilidad.
En caso de programas de invernada, el objetivo primordial puede ser la precocidad de los animales (buscando bajos niveles de engrasamiento y mayor terneza de la carne) y el rendimiento en res (especialmente de los cortes de primera calidad, como los del cuarto trasero). El mercado está exigiendo actualmente animales entre 430 y 480 kilos con una edad máxima de 30 meses (lo ideal sería de alrededor de 24 meses).
Hoy en día, con los esquemas de comercialización que permiten la participación en la oferta a haciendas de distintos perfiles genéticos y de manejo, además de la conciencia cada vez más arraigada del ganadero de evitar la consanguinidad, se ampliaron las posibilidades de escoger por parte del cliente el tipo de toro que más se adapte a sus requerimientos. Hay que tener en cuenta que el sistema productivo de origen sea afín con el sistema en donde se va a usar el toro, para lograr un comportamiento similar.
Un toro debe ser estructuralmente sano y libre de cualquier defecto que limite actividades físicas tales como comer, caminar y cubrir las vacas. Tener un buen físico, no significa que sea el reproductor adecuado para un rodeo, desconociendo sus orígenes (genéticos y productivos) y los criterios de selección y manejo en la ganadería de origen. El mejor toro para un rodeo, no necesariamente será el mejor en otro.
La cuidadosa selección del reproductor contribuye más a la mejora genética del rodeo, que cualquier otra práctica. El continuo uso de reproductores inferiores puede resultar en una disminución del mérito genético promedio de ese rodeo y como resultado se tiene una baja producción. La explicación de este fenómeno se da a continuación.
El padre y la madre aportan cada uno el 50% del material genético de la cría. Una mitad de la contribución de la madre (25%) viene de su padre (abuelo materno) y un cuarto (12,5%) viene del padre de la madre de la vaca (bisabuelo materno); por lo tanto, el 87,5% del material genético de una cría, viene de tres toros que fueron introducidos dentro del rodeo. De ahí, que la selección de los toros padres es la mayor herramienta disponible para que el productor cambie el potencial genético de su ganado.
La selección por características de crecimiento, sin tener en cuenta otros parámetros, puede resultar en un incremento de problemas al momento del parto y animales grandes que tienen mayores requerimientos nutricionales. Por eso, se deben seleccionar toros que combinen crecimiento aceptable, con otras características necesarias, como musculatura, precocidad y habilidad materna.
Las características reproductivas tienen una baja heredabilidad, pero es tal su impacto económico, que ellas deben ser una consideración básica cuando se selecciona un toro.
La fertilidad, como expresión fenotípica de adaptación al medio, se debe en parte a factores de naturaleza genética y por lo tanto, es susceptible de ser mejorada mediante adecuados programas de selección. La selección por fertilidad de machos y hembras, es un proceso permanente, de acuerdo al comportamiento productivo de cada individuo. Uno de los factores que han podido contribuir al cambio genético, es la evaluación andrológica de los toros previa al proceso reproductivo. Esta selección ofrece al ganadero la posibilidad de mejorar la producción, especialmente en los casos en que los problemas reproductivos constituyen un factor que limita la rentabilidad del negocio.
Si bien es cierto que la fertilidad del toro como de la vaca individualmente, juegan un papel importante sobre la eficiencia reproductiva del rodeo, el impacto que puede tener sobre las tasas de preñez un reproductor insatisfactorio, es de gran magnitud, ya que afecta a todo un grupo de hembras.
Se ha estimado que al menos uno de cada cinco toros es subfértil, por la incapacidad de servir a las vacas o a la baja calidad seminal. Esto tiene que ver desde la habilidad del toro para detectar las hembras en celo, hasta el momento en que sus espermatozoides son capaces de fertilizar el óvulo y comenzar el desarrollo de un nuevo individuo.
El sistema de evaluación más reconocido actualmente, pretende establecer el potencial reproductivo de los toros basado en cuatro partes:
• Examen físico.
• Circunferencia escrotal mínima de acuerdo a la edad.
• Motilidad de espermatozoides progresiva.
• Morfología normal de espermatozoides.
Un toro adulto que cumpla con un mínimo en cada uno de los parámetros, puede ser considerado como un semental satisfactorio y potencialmente fértil.